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https://www.elmundo.es/madrid/2021/05/24/609d2f2721efa0f4028b45ca.html

El teletrabajo y el miedo al Covid impulsan de nuevo esta modalidad de entretenimiento para los niños, surgida hace unos años como alternativa barata y cómoda durante el estío

Hacer que salgan de la cama sin madrugón de por medio y, tras el desayuno, coger al niño de la mano y bajarlo a la puerta del portal. Subir, arrancar el ordenador y liarse con la faena hasta el mediodía con una paz inimaginable con pequeños en casa. Es el último hit de los campamentos urbanos de verano, que llegan hasta la puerta de casa, o mejor dicho, de la urbanización, para mitigar la pesadilla que se abre ante los padres durante los meses de julio y agosto, cuando el curso escolar echa el cierre.

La historia no es nueva, llegó hace años a Madrid, pero el teletrabajo ha dado un impulso a esta modalidad, generando un nuevo boom que se explica fácil en pocas palabras según sus artífices: comodidad, precio y seguridad. No hay un igual en el mercado, más en un año en el que el Covid sigue apretando -también en el bolsillo-, donde los padres -los que pueden- mantienen el despacho junto a la cama y donde los niños pueden generan una nueva burbuja segura junto a sus amigos (y vecinos) para toda la temporada estival.

Almudena Triana (profesora de Educación Infantil en un cole de Madrid y psicopedagoga) y Rocío Balsera (profesora de Primaria en activo) pusieron en marcha en 2010 Funny Camp, la primera empresa que se lanzó a ofrecer campamentos en las urbanizaciones de Madrid, como respuesta a las dificultades que los padres tenían para afrontar el pago de los alojamientos fuera de Madrid tras la crisis de 2008.

La idea principal era hallar "una alternativa económica". Un concepto al que se sumó que los progenitores no anduviesen "con el agobio de llevarles al colegio" también en verano, cuenta Triana, quien dirige la empresa en solitario desde hace un par de años. Y, entonces, del boca a boca, "se extendió como la pólvora".

Después de aquello, otras muchas pequeñas compañías les han ido siguiendo los pasos y hoy la oferta de este tipo de campamentos en la región es múltiple (al menos una decena) y variada.

EL IMPULSO DEL COVID
El año pasado, pese a las trabas de la pandemia, esta alternativa escolar sumó más adeptos que nunca. Y este año, con la situación sanitaria un poco más controlada, el interés ha crecido aún más. Las cifras no están aún sobre la mesa, porque la avalancha de contratación se da en el mes de junio, pero las distintas empresas consultadas por EL MUNDO apuntan, sin duda, que este año será aún mejor por la cantidad de peticiones de información que registran cada día.

"El año pasado tuvimos más gente y este año ni te cuento. El pasado, aún había un poco de miedo por el Covid, pero este año ya no", señala Triana, quien detalla que trabaja, de media, con entre 60 y 80 urbanizaciones de la capital y municipios cercanos (Montecarmelo, Las Tablas, Sanchinarro, Alfonso XIII, Colombia, Pinar de Chamartín y O'Donnell, Aravaca, Pozuelo, Majadahonda, Las Rozas, Torrelodones...) y que los niños matriculados oscilan -en función de las semanas- entre los 3.000 y los 3.500 cada verano.